| A los por nacer - Bertolt Brecht |
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| Escrito por Juan Valdés | ||||||
| Domingo, 28 de Diciembre de 2008 23:56 | ||||||
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Bertolt Brecht A los por nacer (Nueva traducción de Antoni Domènech para sus amig@s) I Tiempos realmente tenebrosos, éstos en que vivo. Necia resulta la palabra sin malicia. Una frente tersa Declara insensibilidad. Al risueño No le ha llegado todavía La terrible noticia ¡Qué tiempos estos! Hablar de árboles es poco menos que un crimen, Porque es callar sobre tantas maldades. Ese que va tranquilamente por la calle, ¿Será todavía accesible a sus cuitados amigos? Es verdad: todavía me gano el sustento. Mas creedme: es puro golpe de fortuna. Nada De lo que hago justifica que coma hasta hartarme. Por fortuna estoy a salvo. (Si mi suerte se tuerce, estoy perdido.) Se me dice: come y bebe, ¡conténtate, tú que tienes! ¿Pero cómo voy a comer y a beber, si Al hambriento le arrebato lo que como, y A un sediento le faltará mi vaso de agua? Y aun así, como y bebo. También me gustaría ser sabio. Consta en los viejos libros qué es ser sabio: Abstenerse de la disputa mundana, y la vida, tan breve, Vivida sin temor. También arreglárselas sin violencia, Devolver bien por mal, No colmar, sino olvidar los deseos, Vale por cosa de sabios. Nada de eso está a mi alcance. ¡ Tiempos tenebrosos, realmente, éstos en que vivo ! II Llegué a las ciudades en tiempo de desorden, Cuando imperaba el hambre. Entre humanos fue que llegué a tiempos de rebelión Y con ellos me indigné. Así transcurrió mi vida, el tiempo Que me había sido dado sobre la tierra. Mis comidas fueron entre batallas, A dormir me eché entre asesinos, Cultivé con descuido el amor Y miré la naturaleza con impaciencia. Así transcurrió mi vida, el tiempo Que me había sido dado sobre la tierra. Todos los caminos conducían en mi tiempo a un cenagal. Por la boca me descubrió el matarife. Poco logré. Pero los dominadores Estarían sin mí en poltrona más segura; o eso, al menos, esperaba yo. Así transcurrió mi vida, el tiempo Que me había sido dado sobre la tierra. Menguadas eran las fuerzas. Muy lejos Quedaba la meta. Se podía ver, aunque para mí Resultara inalcanzable. Así transcurrió mi vida, el tiempo, Que me había sido dado sobre la tierra. III Vosotros, que saldréis del diluvio En que nosotros hemos sucumbido, Pensad también, Cuando habléis de nuestra debilidades, En los tiempos tenebrosos De que os habéis librado. Pues atravesamos las guerras de clases cambiando con más frecuencia de país que de zapatos, desesperados por la ubicuidad de la injusticia y la ausencia de indignación. No por eso dejamos de saberlo: También el odio contra la vileza Desaltera el rostro; También la cólera nacida de la injusticia Enronquece la voz. ¡Ah! Nosotros, Que quisimos abonar el terreno de la amistad, No pudimos ser amigables. Pero vosotros, cuando se llegue a tanto Que el hombre sea auxilio del hombre, Pensad en nosotros Con indulgencia.
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| Última actualización el Lunes, 29 de Diciembre de 2008 00:01 |















