«En primer lugar están los operadores del orden económico mundial de los que hablaba antes, los cuales toman cada minuto alguna decisión que afecta directamente a millones de vidas en todo el mundo, sin responder políticamente ante nadie, ni a los gobiernos de los estados nacionales ni, mucho menos a los políticos individuales, que han perdido gran parte de su poder pero no quieren admitirlo. Tenemos después a millones y millones de personas que en un cierto sentido no tienen poder o no actúan políticamente, por lo menos no en el sentido tradicional del término. Estas personas trabajan para ofrecer pequeñas soluciones que les permiten sobrevivir con la mayor simplicidad en las difíciles condiciones en que se encuentran y representan un amplio movimiento, en cierto sentido amorfo pero que comparte muchas prioridades, prioridades ligadas a las acciones a emprender y a las formas de resistencia y de solidaridad a poner en marcha. Este movimiento que no dispone de un programa formal ni de un único portavoz representa una fuerza para cambiar. Las personas que forman este movimiento no están planificando el cambio, simplemente lo construyen con sus propias vidas. Pienso que es la primera vez en la historia que sucede una cosa de este tipo y, si miro al cielo, veo algo que se parece a este movimiento que prepara la alternativa al poder actual que gobierna al mundo. Veo algo que espera, un movimiento que, esperando, prepara la alternativa para la supervivencia. Veo una especie de inmanencia. Si miro en el espejo que el cielo me ofrece veo un espacio que contiene dentro de sí a todas las personas que intentan restituir un sentido a sus vidas.» Entrevista al escritor John Berger "Miradas sobre la urgencia de la vida" |